En aquella ocasión contaba las peripecias que pasé para encontrar una empanada de zamburiñas un viernes por la tarde en Santiago de Compostela. Lo que quedó en el aire fué lo que sucedió justamente al día siguiente y posteriores, y que justamente justifica el título que pongo.
Desde unas semanas antes del famoso viaje a Santiago, y por motivos también de trabajo, Albert y yo preparábamos nuestra partida a Costa Rica dos días después de mi vuelta de tierras gallegas. Cenando la tortilla de patatas con cobertura de pimientos de piquillo y piñones que sustituyó a la famosa empanada como ya conté en el anterior relato, recibo un sms de mi compañero Juan (catalán de pro y negociante donde los haya) que ya estaba de avanzadilla en San José, la capital de ese bonito país, dicendo escuetamente:
"Traete un San Antonio. Luego te cuento"
Es evidente que quedé sorprendido ante tan corto SMS, pero ya estoy acostumbrado, porque tanto él como yo solemos mandar mensajes así cuando estamos delante del cliente y no se puede salir uno de guión. Además, hay que tener en cuenta que por la diferenca horaria, mientras yo cenaba, él empezaba la jornada laboral (En Costa Rica amanece a las cinco y ya estás trabajando a las seis). Lo que me resultaba extraño era el contenido.
La explicación vino un rato después con una llamada telefónica. "Pedro, traete una figurita de San Antonio que uno de los técnicos del grupo que vas a tener me lo ha pedido porque quiere regalárselo a su novia". Bueno, esto ya aclaraba un poco las cosas, aunque no del todo, porque que yo sepa, en mi querido pueblo Tolox, a San Antonio Bendito, las mocitas casaderas le piden un novio... si esta ya lo tenía... para qué quería al susodicho santo?... o es que el técnico en cuestión iba a presentarse a su vez como obsequio del santo y viceversa?...
"Cariño, mira, te regalo este San Antonio, que dice que te trae de regalo un novio que soy yo, que te traigo este San Antonio que ..."
Bastaaaaaa!!!!. Uf, este código entraba en bucle y eso podía provocar un stack overflow en la pobre chica, así que preferí no deducir nada y que me aclararan el misterio allende los mares.
Bueno, en realidad lo primero fué la búsqueda del Santo en cuestión, y la verdad, tengo que reconocer que no fué baladí. Resulta que recorriendo las tiendas especializadas en artículos religiosos que están en la zona de la plaza mayor, nos enteramos que San Antonio no hay solo uno. Los tenían de todos los tamaños, materiales y si llegan a proponérselo, colores, olores y sabores. Bueno, de eso último no, pero feos y guapos sí que los había, porque todo dependía del buen pincel del artista.
Finalmente después de recorrer cuatro tiendas y ver Santos Antonios de madera, de resina, de escayola, de cien euros, de quince euros, feos, guapos y bizcos, optamos por escoger una solución intermedia a la par que no cutre. Un San Antonio con desvío ocular más o menos aceptable y fabricado en escayola y pintado a mano, que era menos cutre que una figurilla de resina y también menos caro que un San Antonio de madera. Decidimos que estos quedababan mejor para aquellas señoras pudientes que buscaran novio solvente.
Por fin, tras catorce horas de vuelo, algunas turbulencias por aguas del Caribe, una escala en Guatemala en cuyo aterrizaje creímos comernos los tejados de las casas, y un control aduanero en el que no sabía si declarar que metía en el país a un santo sin papeles en la maleta, ante la evidencia de la extraña silueta que se vería en el escáner, San Antonio llegó a Costa Rica heladito el pobre.
Me dió tanta pena que estoy consderando pedir a Iberia que climatice las bodegas como hacen con la zona de pasajeros para los futuros santos que en ellas viajen. Hombre por Dios!!! que van a decir los lectores que qué falta de consideración, la mía por llevar una empanada gallega en la cabina de pasajeros, tan calentita ella, y sin embargo poner dos días después a un San Antonio al punto On The Rocks... por facturarlo... faltaría más!!!!
En cuanto al por qué de tan misterioso regalo, debo reconocer que no fué satisfecha mi curiosidad, Eblyn, que así se llamaba el susodicho regalador, recogió el paquete y no me dió muchas explicaciones, pero lo que sí debo reconocer es que gracias a él y a otros amigos que por allí hicimos, Carlos, Alex y Charly, descubrimos un país increíble por sus paisajes rebosantes de naturaleza y por sus gentes.
Lo que también es sorprendente son las diferencias semánticaas que podemos tener con nuestros hermanos del otro lado, y las confusiones tan divertidas que puede acarrear esto, pero lo dejo para otra ocasión porque por esta vez ya me he enrollado bastante.
Próximamente: "Señor, usted encontrará en la llave maya la información para la fuente del poder (Sobre la lingüística Costarricense)
1 comentario:
Eres un crack! Tienes madera de guionista de monólogos... ;-)
Zelator.
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