martes, 13 de febrero de 2007

Mis señoras imposibles

Llevo seis años trabajando en esta empresa. Por motivos laborales, de forma esporádica viajo, y uno de mis destinos habituales es Vitoria. Siempre que vengo aquí, aproximadamente una vez al año, me alojo en el mismo hotel, un hotelito céntrico y acogedor que no está nada mal y en el que se cena de puta madre sin tener que salir a la calle, porque hay que reconocer que Vitoria será una gran ciudad urbanísticamente hablando, pero tiene un clima de perros. Algo tenía que tener, si no, a ver quién vive aquí...

Lo curioso de este tema aparentemente sin importancia es que cada vez que bajo al restaurante desde hace seis años, me encuentro siempre con una tertulia de señoras. Cinco damas de buena familia con unos peinados imposibles y unos modelazos de lepoardo y cuero que combinan con más o menos acierto cada día para que parezca que siempre van recien salidas de la boutique.

La verdad es que le he encontrado el morbillo a eso de sentarme en una mesa cerca de esta pintoresca tertulia porque sus conversaciones no tienen desperdicio. Cuando una de las contertulias va al aseo, el resto del grupo se dedica a criticar lo mal que le sienta el modelazo que lleva ese día, lo que su marido hizo hace algunos años y ahora ella calla, lo espantoso que fue la última fiesta de cumpleaños que celebró y cosas por el estilo... sin embargo, ahí siguen, inamovibles. Forman parte de la decoración, como un cuadro costumbrista de Goya que el hotel hubiera puesto ahí para solaz de los clientes que vamos a cenar, por cierto, creo que ya lo dije, muy bien.

Esta mañana, comentando la escena con un chico de la ciudad me contaba que hace quince años vivía en esta zona, pasaba por aquí a diario, y veía exactamente al mismo grupo. Increíble pero cierto.

Hoy la conversación versaba sobre los espíritus y las almas en pena. Una de ellas, un poco más versada en la materia les comentaba a las otras que eso de aparecerse en forma de ectoplasma no podía hacerse sin razón aparente. Después de un rato de charla y como siempre, se despidieron con un par de "muá muás" y un "mañana a las siete verdad rica?" y fué en ese momento cuando se me iluminó la razón. Claro! dije yo, claro que hay un motivo aparente, si mañana, el destino no lo quiera, una de mis imposibles señoras dejara de existir in corpóreo, no podría faltar a la cita de las siete, sino, a ver cómo iba ella a lucir el modelazo de leopardo del día!!!. Lo dicho, antes No-Muerta que sin el abrigo de chinchilla... pero en la tertulia, a las siete... rica.

Es bueno saber que en este mundo tan cambiante hay cosas que no variarán nunca. Ellas seguirán siempre tan divinas, tan marialways, tan críticas consigo mismas y con el acomodado mundo que las rodea... si mañana cae una bomba nuclear, estoy seguro que al día siguiente llegaré al hotel a cenar, y allí estarán ellas, criticando lo mal que le sienta el traje NBQ a la que acaba de ir al aseo, y lo espantoso que queda el lipstick de brillo aplicado contra la mascarilla repiratoria. Siempre allí. Siempre imposibles y pintorescas, pero divinas de la muerte.

Moraleja. Seguiré viniendo a este hotelito para reafirmarme en que todos tenemos un destino y un objetivo que cumplir en la vida.

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