Es muy difícil cuando uno tiene ganas de expresar algo, el decirlo sin que los que te importan se den por aludidos. Las palabras a veces pueden ser balas que se disparan y dan contra quien no lo merece, dejando impune a quien sí. Además siempre he estado seguro de que no se puede culpar a nadie de haberme hecho daño. Ni siquiera se puede considerar que sea realmente daño, sino probablemente doloroso aprendizaje. El hecho de haber vivido durante años la estabilidad y felicidad de una relación es probablemente lo que me ha impedido ver el ritmo con el que se mueve el resto del mundo. Y por supuesto esto último no ha sido nada malo, sino todo lo contrario.
Después de unos meses viendo lo que hay por ahí he llegado a la conclusión personal de que las reglas del juego son difíciles de aprender aunque al final debes aceptarlas te guste o no. Los pilares en que se asientan son simples. El miedo al compromiso, el círculo vicioso: probar - comparar - descartar - probar... a la mayor velocidad posible, el afán de coleccionar trofeos, la necesidad de estar presente en todo evento por que hay que mostrarse en el escaparate, La defensa del territorio inherente al macho de la especie, la necesidad de unirse en manada para ser alguien, y la necesidad de que cada manada desolle a cualquiera fuera de su círculo...
Al final todo esto acaba imponiéndote una forma en la que te tienes que comportar, quieras o no. Y aunque te esfuerces, la marea te lleva salvo que sepas retirarte a tiempo. Te descomprometes, te pruebas, coleccionas, te muestras, te defiendes, te integras y atacas. Y después de todo eso... qué?
Quizá la mejor regla después de todo es: Sal sin esperar nada concreto. Es la mejor forma de no acabar con una desilusión por día. Y sobre todo... no te creas a los que te atacan, pero mucho menos a los que te adulan.
Ocurrencias, Reflexiones y Algunas Recetas de Cocina. Todo un batiburrillo algo disperso de lo que se me ocurre escribir para que no se pierda en el aire
miércoles, 22 de junio de 2005
sábado, 11 de junio de 2005
Otro fin de semana más
Otro fin de semana sin saber qué hacer. Cuando el trabajo de lunes a viernes se convierte en lo único entretenido que tienes para hacer, mal andamos. Llega el viernes y empieza el tarro a dar vueltas. Qué hago, dónde voy, quién querrá estar un rato conmigo si soy un soso que no da apenas conversación. Todo el mundo tiene algo mejor que hacer. Actividades por doquier pero nadie que quiera compartirlas contigo... O quizá mejor no llamas por que tendrán mejores planes y prefieres no tener que escuchar un no de rechazo por cortés que éste sea. Entonces te lo empiezas a replantear todo... Merece la pena salir para estar de risas con la gente cuando a tí te cuesta soltar una simple carcajada?. Merece la pena quedarse en casa encerrado rumiando ideas que no llevan a ningún sitio?. Merece la pena mostrar el lado más ácido que tienes para que todo el mundo te acabe dando de lado por borde? Acaso por el contrario es mejor hacer ji ji, ja ja, je je, y todo el cúmulo de sandeces superficiales que no llevan a ningún lado pero quedan divinas de la muerte que te cagas para que todo el mundo diga lo guay que eres?. Merece la pena mostrar el lado más oscuro para que te llamen depravado y obseso y en cambio se arrastren a tus pies like a perras?. O quizá es mejor dejar ver la parte más blanca y tierna para que piensen que eres un ñoño y en cambio te digan que qué buena persona eres y por qué no te unes a su club megatrix? A este paso me parece que nunca encontraré alguien que me entienda y quiera compartir un rinconcito de su vida conmigo, pero bueno... que se le va a hacer. Mejor ir despacio y equivocarse lo justo que acabar con el corazón lleno de hematomas.
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