miércoles, 25 de abril de 2007

La odisea de la empanada

Quién me iba a decir que comerse una empanada gallega sería una auténtica aventura. El pasado jueves 19 me encontraba en Santiago de Compostela por motivos de trabajo, y ya en la sobremesa nos dió por hablar de comida. Entre otras cosas eso me comentó uno de los comensales: se distingue a un gallego porque después de una buena vianda siempre habla de comida. Aunque yo creo más bien que eso es un deporte nacional.

En el transcurso de la conversación salió por mi parte malagueña el salmorejo, el puchero, la sartená, y por la parte gallega por supuesto el marisco. Ahí aprendí que el buen marisco se come en los meses que tienen "R", y cómo no, la empanada. Concretamente la empanada de zamburiñas, un molusco parecido al berberecho pero más gordito y jugoso. Recordé cómo hace un par de años trabajando en el Psiquiátrico de Conxo (habéis leído bien, los que nos dedicamos a este mundillo de las tecnológicas acabamos hasta en el psiquiátrico) la gente con la que trabajaba me llevaron a un sitio muy enxebre (rústico) en el que se comía con los dedos, literal, y figuradamente, porque la empanada de millo (maiz) con zamburiñas fué de lo más bueno que he probado por estas tierras.

Pues bien, teniendo en cuenta que la jornada ya estaba acabada y tenía toda la tarde para pasear por Santiago antes de tomar el avión a las ocho, tomé la determinación de buscar una buena empanada, si era posible de zamburiñas. El paseo por Santiago bien... la búsqueda de la empanada... en fin... la primera tienda donde fuí efectivamente tenían una pequeña porción algo seca del día anterior por la que la señora me pedía seis euros. Me excusé amablemente diciéndole que quería para cenar una empanada grande, y bien cierto que era... pero con la respuesta que me dió la seóra, tenía que haber intuído algo de lo que me esperaba a continuación.

En la segunda tienda le digo al señor que quiero empanada de zamburiñas y puso la cara del que le hablan de las Meigas... dijo que eso sólo se hacía por encargo de un día para otro y añadió: "Y eso se paga oiga usté" dando dos golpes con el puño que me despertaron de mi ensueño, y me hicieron salir de allí sintiéndome como si hubiera intentado ir a comprar coca o algo prohibido. "Caray con la empanada de zamburiñas"... -concluí- "debe de ser un auténtico delicatessen"... En fin... en el tercer intento también tuve que salir casi por patas, porque en cuanto dije la palabra mágica, la señora dijo que hay que ver cómo somos los turistas, que queremos cualquier cosa y en el mismo momento, que la hubiera encargado dos días antes, y allí la dejé con la disertación turístico-moral porque ya estaba completamente convencido de que de zamburiñas... nada.

Era ya casi la hora de irme al aeropuerto y para colmo llovía... así que busco taxi y me encamino hacia allá, con la esperanza de que en las tiendas esas en las que venden cosas para los guiris pudiera encontrar alguna empanada aunque fuera de gominolas. Nada de nada. El puesto estaba cerrado. Los turistas de hoy no querían productos gallegos. Me encamino para la zona de embarque dispuesto a entrar en el avión sin mi trofeo, y OH!!!!! Maravilla de las maravillas!!!!! en una pequeña cafetería de las de tomar algo antes de subir al vuelo había dos maravillosas empanadas!!! Me pedí la de bacalao, más que nada porque no la había probado nunca, porque lo de las zambu...leches!!! ya la había descartado por supuesto.

Cuando la empanada ya está empaquetada, voy a pagar con tarjeta... zas! las tarjetas no funcionan... cielos! mi empanada! en fin, ni siquiera el hecho de que pusiera la cara del gato de Shreck ni que aquello por supuesto enterneciera a la chica que me atendía, servía para aceptar la cruda realidad. Soy persona honrada y aunque estuve tentado de pillar la empanada y salir corriendo para el avión, me contuve y la dejé.

Pero no terminaba la peripecia... volviendo a la cola del avión con la cabeza gacha y la mano en el bolsillo recordé el cambio del taxista, y contando las monedas y un billetillo de cinco perdido en la cartera, tenía lo justo para pagar!!!!!!!! regresé corriendo, la chica me miró toda emocionada, me dijo que le había dado mucha pena, la gente nos miraba, yo casi tenía lágrimas en los ojos... bueno, que me llevé la empanada ante las atónitas miradas de los que allí había con cara de no entender nada.

Por fin entramos en el avión y sólo había un portamaletas vacío, la empanada abultaba demasiado pero no podía perderla de vista porque no se veía, y cualquiera con un maletón me la podía aplastar. A la primera chica que llegó pude advertirle a tiempo, y pude poner la empanada sobre su maleta, pero hete aquí que quedaba hueco y un segundo señor hablando con su móvil estuvo a punto con su maleta de hacer sandwuich de empanada con maletas... la voz que le dí al señor, y el hecho de que ya todos alrededor estaban tan pendientes como yo de la empanada hizo que un grito colectivo de NOOOOOO!!!!! lo asustara y no llegara a poner la maleta con el consiguiente despanchurre.

Del susto se pasó a las risas. La gente ya voceaba: "Que saque la empanaaaaadaaaaa, que saque la empanaaaadaaaa, que no las comeeeemos que nos la comeeeemos...". En fin... en lugar de despegar de tierra yo quería más bien que me tragara. A estas alturas y antes de empezar el vuelo, hasta el piloto sabía que yo llevaba empanada para cenar a casa.

El resto del viaje bien, salvo por algunos baches a 9000m que no hicieron peligrar la integridad de la empanada, todo correcto, aunque todavía me quedaba luchar por un taxi en la T4 que además admitiera tarjeta, porque todos los fondos en metálico habían ido a parar a la financiación de la susodicha protagonista de este blog. Finalmente, a las 11:30 de la noche, la empanada llegó a destino. Claro que para esa hora, y con el desespero de la tardanza, el Albert me esperaba en casa con una tortilla de patata con cobertura de majaíto de pimientos del piquillo, piñones y pan frito. Una de nuestras delicatessen caseras. Obviamente, doña empanada tuvo que esperar al día siguiente.

Después de esto, quien haya aguantado leyendo hasta el final, entenderá lo que dije al principio: comer empanada es toda una aventura.

Próximamente:

martes, 13 de febrero de 2007

Mis señoras imposibles

Llevo seis años trabajando en esta empresa. Por motivos laborales, de forma esporádica viajo, y uno de mis destinos habituales es Vitoria. Siempre que vengo aquí, aproximadamente una vez al año, me alojo en el mismo hotel, un hotelito céntrico y acogedor que no está nada mal y en el que se cena de puta madre sin tener que salir a la calle, porque hay que reconocer que Vitoria será una gran ciudad urbanísticamente hablando, pero tiene un clima de perros. Algo tenía que tener, si no, a ver quién vive aquí...

Lo curioso de este tema aparentemente sin importancia es que cada vez que bajo al restaurante desde hace seis años, me encuentro siempre con una tertulia de señoras. Cinco damas de buena familia con unos peinados imposibles y unos modelazos de lepoardo y cuero que combinan con más o menos acierto cada día para que parezca que siempre van recien salidas de la boutique.

La verdad es que le he encontrado el morbillo a eso de sentarme en una mesa cerca de esta pintoresca tertulia porque sus conversaciones no tienen desperdicio. Cuando una de las contertulias va al aseo, el resto del grupo se dedica a criticar lo mal que le sienta el modelazo que lleva ese día, lo que su marido hizo hace algunos años y ahora ella calla, lo espantoso que fue la última fiesta de cumpleaños que celebró y cosas por el estilo... sin embargo, ahí siguen, inamovibles. Forman parte de la decoración, como un cuadro costumbrista de Goya que el hotel hubiera puesto ahí para solaz de los clientes que vamos a cenar, por cierto, creo que ya lo dije, muy bien.

Esta mañana, comentando la escena con un chico de la ciudad me contaba que hace quince años vivía en esta zona, pasaba por aquí a diario, y veía exactamente al mismo grupo. Increíble pero cierto.

Hoy la conversación versaba sobre los espíritus y las almas en pena. Una de ellas, un poco más versada en la materia les comentaba a las otras que eso de aparecerse en forma de ectoplasma no podía hacerse sin razón aparente. Después de un rato de charla y como siempre, se despidieron con un par de "muá muás" y un "mañana a las siete verdad rica?" y fué en ese momento cuando se me iluminó la razón. Claro! dije yo, claro que hay un motivo aparente, si mañana, el destino no lo quiera, una de mis imposibles señoras dejara de existir in corpóreo, no podría faltar a la cita de las siete, sino, a ver cómo iba ella a lucir el modelazo de leopardo del día!!!. Lo dicho, antes No-Muerta que sin el abrigo de chinchilla... pero en la tertulia, a las siete... rica.

Es bueno saber que en este mundo tan cambiante hay cosas que no variarán nunca. Ellas seguirán siempre tan divinas, tan marialways, tan críticas consigo mismas y con el acomodado mundo que las rodea... si mañana cae una bomba nuclear, estoy seguro que al día siguiente llegaré al hotel a cenar, y allí estarán ellas, criticando lo mal que le sienta el traje NBQ a la que acaba de ir al aseo, y lo espantoso que queda el lipstick de brillo aplicado contra la mascarilla repiratoria. Siempre allí. Siempre imposibles y pintorescas, pero divinas de la muerte.

Moraleja. Seguiré viniendo a este hotelito para reafirmarme en que todos tenemos un destino y un objetivo que cumplir en la vida.

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